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¿Sabes cómo diferenciar a través de tu estómago si se trata de hambre emocional o hambre real?

La Wikipedia define el hambre como la sensación que nos avisa de la necesidad de comer. Esta sensación la emite el estómago mediante el sonido de las tripas. Mientras las tripas no se escuchen estaremos comiendo bien para suplir algún tema emocional o para calmar una emoción que se nos está siendo difícil de gestionar. ¿Habéis detectado alguna vez que al salir de trabajar, vuestro cuerpo os pide un alimento en particular? El paso siguiente es veros atracando la panadería o bien la despensa de vuestra casa ☺.  

Empecemos por aclarar que el hambre real es la necesidad de ingerir nutrientes y es el estómago el que emite el sonido correspondiente para avisar al cerebro con el fin de que se mueva a buscar comida. Existen muchas dietas en el mercado que sostienen que no hemos de marcar horarios de comida y limitarnos a comer cuando el hambre real nos avisa. De nuevo, es importante tener en cuenta la bioindividualidad de cada uno de nosotros. Es posible que haya gente que necesite comer pequeñas cantidades y muy a menudo, como es el caso de las personas que padecen diabetes. Mientras que hay otras personas que por su ritmo de vida concentran las comidas en tres momentos del día. Sea cual sea el tipo de hábito que tengas, el hambre real siempre ha de ser atendida.

¿Qué pasa con el hambre emocional? Este tipo de hambre es el que trata de saciar una parte de la alimentación primaria con alimentación secundaria. Recordemos que la alimentación primaria la conforman nuestro trabajo, relaciones, actividad física, ambiente de casa… En el hambre emocional entran en juego varios factores:

  1. Las emociones: el estrés por un proyecto al que le estamos dedicando muchas horas, un enfado con nuestro manager o bien la tristeza de no haber conseguido un objetivo, causa un vacío que temporalmente llenamos con la comida (y no precisamente orgánica). Decimos temporalmente porque esto es como el que tiene migraña y toma Paracetamol; cortará el síntoma pero no la causa, con lo que el comportamiento tiende a repetirse.
  2. Las anclas:  son estímulos que generan una respuesta en nosotros. Un ejemplo sería si salgo cada día de trabajar y me compro un donut de chocolate. Este hábito repetitivo puede llegar a generar una ancla que haga que el hecho de verme saliendo del trabajo esté asociado con comprarme un donut. ¡Ojo con las rutinas que establecemos!
  3. Asociar las comidas en grupo con ingerir más comida de lo que somos capaces de ingerir así como comer un determinado plato. Un ejemplo de ello sería llegar un viernes sin hambre a casa pero como es el día de la pizza, comer la misma cantidad que un día en el que tenemos hambre real. Lo que estamos buscando en este caso, es repetir la imagen del sofá con nuestra familia/amigos porque nos provoca sensación de placer y bienestar.

Como veis, la línea es muy fina y nos puede costar bastante diferenciar entre si es emocional o real pero el truco está en, antes de comer, hacer un par de respiraciones conscientes y al finalizar descubriremos si es nuestro estómago o nuestra cabeza la que nos está pidiendo el alimento. Las respiraciones profundas nos ayudan a conectar con nosotros mismos, por ello la información que saquemos de ese momento será la que de verdad necesitamos cubrir. 

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