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¿Cómo podemos prevenir el estrés laboral y luchar contra él?

El estrés es una reacción natural, biológicamente adaptativa para la supervivencia del individuo. Está orientado a facilitar su adaptación a nuevas condiciones del medio que le rodea.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción”. En términos globales se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia.

En sí mismo, el estrés no constituye una anomalía y sus efectos no tienen por qué ser necesariamente negativos, ya que esta respuesta adaptativa puede resultar beneficiosa para mantener o incrementar la salud, al movilizar a las personas para buscar soluciones útiles que contribuyan a su bienestar.

Pero cuando el estrés se vuelve crónico puede perjudicar la salud a largo plazo, al alterar los sistemas inmunológico, digestivo, cardiovascular, del sueño y reproductivo. Algunas personas experimentan principalmente síntomas digestivos, mientras que otras pueden tener dolores de cabeza, insomnio, sentir tristeza, enfado o mostrar irritabilidad.

El estrés en el contexto laboral

El estrés laboral, según la Comisión Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo, se define como “las nocivas reacciones físicas y emocionales que ocurren cuando las exigencias del trabajo no igualan las capacidades, los recursos o las necesidades del trabajador”.

Es un fenómeno que cobra cada vez más importancia, sobre todo en tiempos de crisis e incertidumbre, ya que puede llegar a ser extremadamente incapacitante. Una sobrecarga de estímulos y una continua demanda de actuación conllevan a poner en marcha respuestas adaptativas y a actuar con mayor rapidez.

Puesto que el estrés tiene un importante impacto en la salud física, psicológica y social de las personas, da lugar a costes considerables para el bienestar integral del individuo, por lo que a largo plazo puede repercutir negativamente en la productividad.

Relación entre el estrés y la desmotivación laboral

Tanto la desmotivación como la insatisfacción laboral pueden conllevar estrés:

  • La desmotivación laboral provoca una actitud negativa hacia el trabajo, que conduce a la manifestación de fatiga física y mental, tedio, desilusión, absentismo y a una falta de atención y concentración que incrementan las posibilidades de cometer errores y de sufrir accidentes.
  • La insatisfacción laboral supone una valoración negativa de los factores organizacionales y personales del contexto laboral por parte del empleado y pueden derivar en una situación de estrés.

Estrategias personales para tratar el estrés

Para combatir el estrés, podemos llevar a cabo estrategias personales y emocionales. De las estrategias emocionales concretas hablaremos en nuestro siguiente artículo.

A nivel personal, las medidas que ayudan a prevenir y combatir el estrés abarcan 3 ámbitos:

  1. Vida personal. Tener la capacidad de desconectar del trabajo y separar la vida personal de la laboral. Esto implica realizar actividades que aporten distracción, relajación y disfrute para reponer tanto la energía física como la mental. Un estilo de vida saludable resulta imprescindible.
  2. Ámbito laboral. No asumir más trabajo que el que se ajuste a las posibilidades de cada uno. Es importante planificar y optimizar el tiempo, priorizar tareas y terminar una antes de iniciar la siguiente.
  3. Creencias, valores y actitudes. Tomar conciencia de cuáles son nuestros intereses y el coste personal que estamos dispuestos a asumir para satisfacerlos. Esto puede comportar reajustes en nuestra escala de valores y cambios en nuestro estilo de vida. Además, esto nos obliga a afianzar nuestra autoestima y la confianza en nosotros mismos.

El estrés laboral tiene efectos sobre la salud física y mental, pero también sobre cómo se realiza el trabajo y, por tanto, sobre el absentismo, el rendimiento y la productividad.

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